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lunes, 29 de septiembre de 2008

= EL TIEMPO OFICIAL y LA ELEGANCIA



Primer nuevo día, primer nuevo lunes. Definitivamente debo ser ya un maduro. Antes no me detenía tanto en pensar como comenzaba una nueva etapa en mi vida. Bien es verdad que la de ahora no ha sido elegida, las demás todas. ¿Eso significa tener suerte? Eso significa tener cojones, aunque en esta nueva situación creo que tengo menos, cojones. Me he levantado a las 14 horas. He arreglado la percha de un armario que llevaba estropeada por lo menos 5 o 6 años. Increíble pero cierto. Durante estos 5 o 6 años pasados no he tenido media hora libre para arreglar esa percha. Conclusión: el tiempo es un estado mental no físico. Hoy que oficialmente no tengo nada que hacer, te tenido tiempo para la percha. Estoy hecho polvo. Me ha gustado hacerlo pero me siento ridículo por esperar 5 o 6 años a estar sin hacer nada oficialmente para arreglar una percha. Esto hay que celebrarlo.  Me he dado un homenaje. He ido a visitar a la señora María. Una mujer que conocí hace más de 20 años. Es una indigente. En silla de ruedas la conocí y en ella sigue. Está internada en un centro de monjas caritativas (¡ja!). Hacía varios años que no iba a verla. Aún me reconoce, es sorprendente. Es una de las mujeres más elegantes que conozco. Es pobre, no tiene nada, viste fatal, es fea, su pelo es horrible y sucio, y encima es invalida. Pero es la mujer más elegante que conozco. Creo que nunca la he besado. Hoy lo he hecho y ella me ha rechazado. Me ha mirado como diciendo ¿qué coño estará celebrando?. Es lista. Le he pedido a las monjas que me dejen darla de cenar. No se ha cortado un pelo en comer como lo hace siempre, de forma asquerosa. Cuando ha terminado le he dado la sorpresa que ella ya esperaba. Un huevo kinder, de esos de chocolate con regalo dentro. Se lo he abierto y venía un avión que al hacer rodar las ruedas de aterrizaje se le movían las alas. No me ha hecho más caso y me he marchado. La pesada de la monja me ha vuelto a pedir dinero. Cómo le tengo que decir hermana que yo también soy pobre ahora. ¡Pesada!

sábado, 20 de septiembre de 2008

=Omne delectamentum in e habétem
















Que mal he dormido esta noche. A las 6 de la mañana estaba ya hasta los huevos de dar vueltas, así que me levanté y me fui a misa al convento de las Teresianas. 
Escuché la misa, sin ningún interés por supuesto, las escuché cantar, que si me interesa y me entretiene mucho más. Me gusta especialmente como cantan el Kirie eleisón, aunque hoy han desafinado en el Sanctus especialmente en el momento de Pleni sunt caeli et terra gloria tua. Pero de nuevo han hecho que me eleve casi hasta el cielo cuando han entonado el Omne delectamentum in e habétem, ¡Qué delirio sonoro diosmio!. Este gregoriano lo canta una sola voz que me tiene enamoradito desde el primer día que lo escuché, hace ya dos años. Así que hoy me he decidido y he ido a ver si conozco a la monja que lo canta. Ya sé que es difícil, son monjas de clausura y no se las puede ver,  pero hoy lo voy a conseguir por cojones. He esperado hasta el final de la misa y cuando se ha marchado la gente y el idiota del cura, que siempre me mira con mala leche, me he acercado a la sacristía y he tocado la campaña que hay delante de una gran ventana de madera vieja, que es por donde se comunican con el exterior. "Ave María purísima" y una voz desde dentro contesta "sin pecado concebida, ¿que desea hermano?". Buenos días hermana tengo un problema y a ver si me pueden ayudar. Resulta que al terminar la misa me he clavado sin querer una clavo en el banco de la iglesia, estoy sangrando y creo que me voy a marear,  y me da miedo porque estaba oxidado. La monja contesta: "Por dios y la virgen santísima hermano vaya corriendo al médico nosotras aquí no podemos hacer nada, sólo rezar". Ay hermana por favor me estoy poniendo malísimo no puedo ni moverme por favor curenme. Total y para resumir al final entre en la clausura, antes me autolesione levemente con mi navaja en la pierna.  Y conocí a la monja solista que tan bien cantaba el Omne delectamentum in e habétem. Qué desastre. Era más fea que que un bulldog masticando una avispa. Que decepción. Al terminar la curación y la decepción les compré unos dulces, unas perrunillas, luego fui a buscar a mi dealer, cogí el coche y me marche a Madrid a ver una exposición de Edward Steichen.