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lunes, 6 de octubre de 2008

=LA PERPLEJIDAD DE UN LUNES IMPRECISO




La perplejidad de un lunes impreciso con dilemas y escrúpulos sólo es comparable a una situación no vivida pero imaginada. ¿Si una impresora no funciona se acabará todo? Puede. Cuando pones la vida a la altura de un hilo hasta la impresora puede ser una terrible máquina de matar. Años hacía que no enviaba una carta por correo, años. He comido lentejas. Y todo lo demás. Insisto: la perplejidad de un lunes impreciso. Estás tan acostumbrado a lo que llegará después de la tempestad qué la impaciencia te devora y te machaca y te oprime y te desgasta y te vomita y te mastica, y terminará dándote un buen disgusto, bobo.  Me ha llamado quien me quiere, era una llamada oportuna y no una boda triste, es mi confesor de santa teresa. 
En cierta ocasión, no voy a dar muchos datos por si acaso, alguien me invitó a su estudio de fotografía. Allí se pasaba horas revelando, y consumiendo, fotos. En la soledad de la máquina y de la noche, empezó a contarme cosas. ¿Quieres ver unas fotos especiales donde sale una persona que conoces? ¿Especiales? Porno pensé. ¿Quien no lo ha hecho? (Las hice pero no las ví. Las guardé en un cajón durante 2 años. Fui muy lejos, donde no nos conocían, y mandé revelarlas. Se habían velado). Te vas a sorprender cuando las veas, me advirtió el fotógrafo. Quiero verlas. Toma. ¡Dios! ¡Qué horror!. No digas nada. No pude decir nada, pero si pensar cada vez que lo veía.  Una vez no pude disimular. Algo notó y un día se presentó en mi casa. Me ataron a una silla e hicieron delante de mí lo que vi en las fotos. Tenían razón, al natural no parece tan espantoso como en foto.